30 años de liberalización de las telecomunicaciones: de la apertura del mercado a la era de la IA

Un proceso, varias fechas clave

En 2026 se cumplen treinta años de una reforma decisiva para abrir las telecomunicaciones a la competencia en España. Así lo ha recordado Ángel García Castillejo, vicepresidente de la CNMC, en su artículo publicado en Cinco Días. Sin embargo, la liberalización fue un proceso gradual.

Uno de los primeros hitos del proceso tuvo lugar en 1987 cuando el Libro Verde europeo propuso abrir una parte del sector a la competencia. Las redes y la telefonía básica continuarían en manos de un único operador, pero otras empresas podrían empezar a vender equipos y ofrecer determinados servicios. Ese mismo año, España aprobó la Ley de Ordenación de las Telecomunicaciones, que aplicó esta apertura parcial y mantuvo el monopolio de Telefónica sobre la telefonía básica.

Sin embargo, el aniversario de los treinta años se refiere al Real Decreto-ley 6/1996, que entró en vigor el 9 de junio de 1996. Esta reforma creó la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), encargada de vigilar la competencia, y abrió el camino para que Retevisión ofreciera telefonía fija y compitiera con Telefónica.

El objetivo de introducir competencia era compartido por el PP y el PSOE, pero no existía acuerdo sobre la forma de hacerlo. Durante el debate parlamentario, el ministro de Fomento del Gobierno del PP, Rafael Arias-Salgado, defendió que la reforma era urgente para atraer inversión y preparar a España para el mercado europeo. El PSOE, en cambio, votó contra el decreto porque rechazaba el procedimiento utilizado, las condiciones concedidas a Retevisión y la composición del nuevo organismo regulador. Por tanto, la discusión no se centraba en si debía abrirse el mercado, sino en cómo debía realizarse esa apertura.

A pesar de estas diferencias políticas sobre la forma y el ritmo de la reforma, el proceso de apertura continuó. El 1 de diciembre de 1998 entró en vigor la competencia plena, de acuerdo con las reglas establecidas por la Ley General de Telecomunicaciones. Esta ley puso fin a los derechos exclusivos que todavía conservaba Telefónica y estableció las condiciones para que otros operadores pudieran instalar redes y ofrecer servicios de telecomunicaciones. Por tanto, la reforma de 1996 fue el paso decisivo que preparó la apertura completa de 1998.

Abrir el mercado no bastaba: hacía falta infraestructura

La apertura plena de 1998 permitió que nuevas compañías ofrecieran servicios de telecomunicaciones, pero no eliminó las diferencias entre ellas. Telefónica partía con una ventaja importante: disponía de una red muy extensa, construida durante los años en los que había prestado el servicio en régimen de monopolio.

Durante décadas se había considerado que una sola empresa podía ofrecer el servicio telefónico con menores costes. Construir una red para todo el país exigía una inversión muy elevada y duplicarla parecía innecesario. Esa era la idea del monopolio natural. La digitalización permitió transmitir más información y ofrecer nuevos servicios, pero desplegar una red alternativa seguía siendo muy caro.

Por ello, autorizar la entrada de competidores no era suficiente: también había que permitirles llegar hasta los hogares. La regulación estableció diferentes formas de acceso a la infraestructura de Telefónica, por las que los nuevos operadores debían pagar. Telefónica se convirtió así en su competidora y, al mismo tiempo, en su proveedora. Este sistema se conoció como escalera de inversión.

La escalera de inversión buscaba que los operadores pudieran crecer progresivamente. En una primera etapa utilizaban los recursos de Telefónica y, más adelante, podían instalar sus propios equipos y desplegar sus propias redes. Por ejemplo, podían alquilar el cable de cobre que llegaba hasta una vivienda o utilizar los conductos existentes para tender fibra. Sin embargo, no todas las empresas tenían que recorrer los mismos pasos ni terminar construyendo una red completamente propia.

En sus primeras etapas, este sistema se apoyó principalmente en el acceso a la antigua red de cobre. Sin embargo, cuando comenzó el despliegue de fibra, la regulación tuvo que adaptarse. En 2009, la CMT consolidó y reguló mediante la oferta MARCo el acceso a conductos, canalizaciones, arquetas y otras infraestructuras de obra civil de Telefónica. Este acceso era especialmente importante porque la obra civil puede representar más del 70 % del coste de construir una nueva red fija. También se aprobaron reglas para compartir los cables instalados en el interior de los edificios, evitando que cada compañía tuviera que repetir la misma instalación.

Los resultados de estas medidas se observaron años después, cuando el despliegue de fibra comenzó a acelerarse. En 2013, el 22,7 % de los hogares españoles tenía cobertura de fibra; en 2019, la cifra había aumentado hasta el 80,4 %, y en 2023 alcanzó el 95,2 %. En las zonas rurales llegó al 85,9 %.

Sin embargo, esta expansión no eliminó completamente la dependencia de la infraestructura de Telefónica. Muchos operadores desplegaron su propia fibra utilizando sus conductos, por lo que todavía deben pagar por acceder a ellos. El precio de este acceso continúa influyendo en sus costes. De hecho, el 30 de junio de 2026, la CNMC abrió una consulta sobre una propuesta de Telefónica para aumentar inicialmente un 30 % las cuotas periódicas por el uso de estas infraestructuras.

¿Qué cambió para los usuarios y operadores?

Para los usuarios, el cambio más claro fue poder elegir compañía. Las empresas tuvieron que esforzarse para atraer clientes y evitar que se marcharan. Sin embargo, esa competencia no benefició por igual a todos los operadores.

Entre 2015 y 2024, Movistar pasó del 30,7 % al 25,9 % de las líneas móviles, mientras que Digi creció del 0,7 % al 9,7 %. En 2024, la fusión de Orange y MásMóvil creó MasOrange, cuyas marcas reunieron el 41,1 % de las líneas. La propia CNMC señala que esta operación devolvió la concentración del mercado a niveles similares a los de 2010. Por tanto, la liberalización no ha seguido una trayectoria lineal: a la entrada de nuevos competidores también le han sucedido etapas de consolidación. Por su parte, Telefónica perdió la exclusividad, pero continuó obteniendo ingresos al permitir que otros operadores utilizaran su infraestructura. Con el tiempo, el despliegue de redes alternativas, los acuerdos entre empresas y la aparición de proveedores mayoristas como Onivia y Lyntia redujeron esta dependencia.

Por ello, en agosto de 2025 la CNMC aprobó la desregulación de NEBA Local y NEBA fibra, que se hizo efectiva en febrero de 2026. Sin embargo, mantuvo regulado el acceso a sus conductos, canalizaciones y postes, porque estas infraestructuras seguían siendo necesarias para garantizar la competencia.

La pérdida de la exclusividad y el aumento de la competencia no significan necesariamente que las compañías de telecomunicaciones hayan dejado de ser rentables. Un análisis publicado en VoxEU/CEPR en enero de 2026 estudió catorce grandes grupos europeos entre 2014 y 2024 y concluyó que, de media, su rentabilidad superó el coste del capital empleado. Sin embargo, existían diferencias importantes entre empresas.

Ahora bien, para saber quién se beneficia actualmente de las telecomunicaciones no basta con analizar la rentabilidad de los operadores. El mercado ya no puede entenderse únicamente como un sector de telecomunicaciones, porque el ecosistema digital incluye también los semiconductores, los equipos, el software, los centros de datos, los servicios en la nube, las plataformas, las aplicaciones y los datos. A medida que Internet se extendió, una parte creciente del valor se desplazó desde el transporte de información hacia su almacenamiento, procesamiento y utilización. El modelo competitivo surgido de la liberalización se articuló fundamentalmente en torno a redes y operadores de telecomunicaciones; hoy, en cambio, la creación de valor se distribuye entre un conjunto mucho más amplio de actores, entre ellos los proveedores de nube, las plataformas digitales y, más recientemente, las empresas de inteligencia artificial.

De la conectividad a los servicios del nuevo ecosistema digital basados en IA:
una nueva oportunidad para las telcos

La transformación del ecosistema digital obliga a los operadores a buscar nuevas formas de participar en la creación de valor más allá de la conectividad. Durante años, los operadores obtuvieron ingresos principalmente mediante las llamadas y los SMS. Después, los paquetes de datos y los servicios de fibra ganaron protagonismo. La expansión de la nube, las plataformas digitales y, más recientemente, la inteligencia artificial abre nuevas posibilidades, aunque muchas de ellas se encuentran todavía en una fase inicial.

Una posibilidad que todavía se está empezando a probar es incluir paquetes de uso de IA en las tarifas. Este uso puede medirse en tokens, unidades en las que los modelos de IA codifican y procesan el texto y otros contenidos y que pueden utilizarse como medida del consumo del servicio. Un ejemplo todavía incipiente de este tipo de modelos comerciales se encuentra en China. En mayo de 2026, TechNode informó de que China Telecom había lanzado, en fase de prueba comercial, paquetes desde 9,9 yuanes mensuales por diez millones de tokens para particulares, además de planes para desarrolladores y pequeñas empresas.

No obstante, las oportunidades de las compañías de telecomunicaciones no se limitan a vender paquetes de tokens. También pueden ayudar a las empresas a incorporar la IA a su trabajo diario: ofrecer el acceso a los modelos y cobrarlo en la factura, conectar las herramientas de IA con sus programas, alojarlas en sus servidores y prestar asistencia técnica. Además, pueden aprovechar sus redes para verificar la identidad o la ubicación de los usuarios, prevenir fraudes, garantizar una determinada calidad de conexión y procesar la información cerca del usuario para obtener respuestas más rápidas.

Telefónica ya desempeña parte de este papel mediante su acuerdo con Perplexity. Desde enero de 2025, Movistar distribuye Perplexity Pro entre sus clientes en España. Posteriormente, Telefónica Tech amplió la colaboración al mercado empresarial y comenzó a comercializar Perplexity Enterprise Pro junto con servicios profesionales para ayudar a las empresas a implantar la herramienta y aprovechar sus funciones.

Este tipo de acuerdos muestra cómo ha cambiado el reto de las telcos. Treinta años después de la liberalización, ya no basta con competir con otros operadores: también deben encontrar su lugar junto a las empresas que ofrecen modelos de IA, servicios en la nube y plataformas digitales. La cuestión es si el modelo surgido de aquella apertura sigue siendo suficiente cuando las operadoras realizan grandes inversiones en las redes, pero buena parte del valor se genera en los servicios que funcionan sobre ellas.

Anuncio del real decreto en la celebración del Día de las Telecomunicaciones, mayo de 1996.

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